jueves, febrero 24, 2005

crítica: Million Dollar Baby

"Sé lo que estás pensando. Si disparé las seis balas o sólo cinco. La verdad es que con todo este ajetreo, yo también he perdido la cuenta. Pero siendo este un Mágnum 44, el mejor revólver del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro, ¿No crees que debieras pensar que eres afortunado?"

Supongo que habrás reconocido este texto, extraído de Harry, el sucio, una película protagonizada por Clint Eastwood. ¿Quién iba a pensar que, años después, este pistolero se iba a convertir en uno de los directores del momento? El caso es que ese mismo año dirigió su primera película, Escalofrío en la Noche, pero no fue hasta Sin Perdón que entró en el Olimpo de los directores. Después llegaron Los Puentes de Madison y la increíble Mystic River como pruebas más que suficientes del talento del director.

Ahora, en Million Dollar Baby aborda un tema caliente en las mal llamadas sociedades occidentales y que no comentaré por si no has visto aún la película. Todo arranca con un viejo entrenador de boxeadores, Frankie Dunn (Clint Eastwood), que no ha conseguido nada en la vida porque jamás ha querido arriesgar y una no tan joven Maggie (Hilary Swank), que tampoco ha conseguido nada en la vida porque nunca ha tenido una oportunidad. La búsqueda de un título de boxeo les unirá y hará que su relación supere las barreras que hay entre un entrenador y su alumna, para convertirse en la relación que hay entre un padre y una hija.

Esta historia la hemos visto muchas veces antes en títulos como Karate Kid (curiosamente, Hilary Swank protagonizó una lamentable entrega de esta saga) y, aunque la factura es perfecta y podría ser una película en sí misma, Eastwood tiene algo más preparado para los espectadores. Con la primera parte nos implicamos en la historia, conocemos a los personajes, nos los creemos... Y es entonces cuando llega la razón de ser de Million Dollar Baby, dejando congelado al espectador en la butaca, que sin salir de la sala se encuentra viendo otra película que poco tiene que ver con lo de antes. Tan sólo los personajes permanecen; y ahora que los conocemos su dolor es también el nuestro; y las decisiones que tienen que tomar también tenemos que tomarlas nosotros.

Tanto Clint Eastwood como Hilary Swank están brillantes. La relación entre ambos es natural y los personajes nos enganchan desde el primer momento, pese a que clichés no faltan. Como secundario de lujo tenemos a Morgan Freeman en el papel de Eddie, un tipo que trabaja en el gimnasio de Frankie, con el que mantiene unas conversaciones tan afiladas como divertidas.

Si hay que ponerle un pero a esta magnífica película es que la resolución se me antoja algo precipitada. En su favor diré que trata el asunto con una escrupulosa objetividad y que no se entretiene en buscar la lágrima fácil. Con todo, el objetivo de Clint Eastwood esta conseguido, ya que es imposible salir del cine sin preguntarle a quién vaya contigo: Y tú, ¿qué harías?.
    Me ha gustado: La valentía que ha tenido Clint Eastwood por tocar un tema tan comprometido.

    No me ha gustado: La resolución es algo precipitada. Quince minutos menos para la primera parte en favor de la segunda le hubiera sentado bien.

    Lo mejor: Te olvidas de que los personajes están interpretados por actores.

    Lo peor: Los clichés que ya conocemos de otras películas.

    Curiosidades: Es impresionante la transformación de Hilary Swank, que se sometió a entrenamientos y ganó peso para interpretar a la boxeadora.

    Espectador recomendado: En principio es para todos los públicos, pero los que vayan al cine esperando ver "una de boxeo" se llevarán una sorpresa (y hay a quién no le gustan las sorpresas).