jueves, julio 14, 2005

Buscando excusas

Con mucha ciencia hace la siguiente reflexión zifra en su blog:

43 en accidente de tráfico este fin de semana.
30 asesinados en Madrid en lo que va de año.

Si por 50 muertos en Londres quieren poder intervenir nuestras conversaciones por correo electrónico y por móvil... ¿Qué habría que hacer con estas cifras?


Aunque me gustaría puntualizar un poco más el porque de todo esto. Desde luego 50 muertos parecen pocos comparados con las cifras de muerte por accidentes de tráfico en España en el año 2004 (3516) y mucho más insignificante que los muertos en África por SIDA (2,3 millones en el año 2001, vamos unos 46000 atentados de Londres uno detrás de otro). Este tipo de comparaciones son incomodas, pero que es que tendemos muy rápido a olvidar.

Entramos en un dilema moral que ya está más que mohoso, ¿Seguridad o privacidad?. ¿Que se antepone la seguridad o la libertad? ¿Vale de algo registrar las llamadas y correos de millones de usuarios para luchar contra el terrorismo? Para nada ya que en la practica son imposibles de procesar – ya vivimos algo parecido aquí en España con las escuchas previas al 11-M.

No nos dejemos engañar, la seguridad – y mucho menos esta seguridad ficticia – no se puede anteponer a nuestra libertades, ya que entonces la democracia y lo que un gobierno defiende pierde todo su sentido. No se puede utilizar los muertos como excusas para que el gobierno obtenga a un más mecanismos de control. Reflexiones sobre cuales son los verdaderos mecanismos para acabar con el terrorismo.

6 opiniones:

A las 7/15/2005 09:01:00 p. m., Blogger Illaq dijo que...  

De acuerdo: reflexionemos... Doy por supuesto que mi reflexión es inevitablemente parcial, porque no soy Dios, y ni siquiera pretendo tener la razón. Es obvio que, por su improbabilidad, el humano es un ente inseguro: inseguro físicamente: cualquiera puede irse a criar malvas en menos que canta un gallo y no hace falta ningún atentado para ello; inseguro emocionalmente: la bomba tiene un efecto emocional amplificador que no lo tienen todos los virus juntos; inseguro socialmente: el humano depende más de lo que piensa de los y lo que le rodea; inseguro políticamente: basta con que los ocasionales mandantes quieran ganar cierta popularidad para que o bien cambien las reglas del juego o bien se limiten a hacer publicidad...; inseguro laboralmente: ¿qué es un contrato "indefinido", por ejemplo?
Libertad: hay una imagen que me viene a la cabeza de forma recurrente cuando se habla de libertad: 1966, Madrid, calle de Alcalá: color gris (gris de "grises"): desde el Retiro hasta Sol: todo un tapiz gris.
Democracia: parece que respiramos... pero, resulta que tengo libertad para hablar, siempre que coincida con el grupo... tengo libertad para reunirme (con permiso)... tengo libertad... ¿para qué tengo libertad?
Democracia: me dicen que los diputados son "representantes del pueblo", "mis representantes"... porque un día metí un papel (en el que estaban ya los que estaban) en una urna... a eso lo llamamos "gobierno del pueblo"...
De verdad el problema se plantea entre "seguridad" y "libertad"?
Una última pregunta: ¿son compatibles la "libertad" y la "democracia" con los "servicios de información/inteligencia?
Y que conste que yo no soy pesimista, pero, en mi opinión (que puede estar equivocada, pero es la mía), la única libertad posible es la que cada uno se otorgue, con independencia de vigilancias, escáneres, servicios secretos, dimes, diretes, etc. Las otras, las "libertades", sirven para adornar "documentos legales" y para que se llenen la boca algunos, pero no liberan en absoluto.
Finalizo: también en mi opinión, el terrorismo no tiene solución a corto plazo y no sé si a largo. Mientras haya fanáticos habrá terrorismo, y mucho me temo que haya más fanáticos de los que parecen... ¿Hasta qué punto aceptamos las opiniones "divergentes"....?

A las 7/17/2005 01:38:00 a. m., Blogger Jamarier dijo que...  

Jugar con números es una de las herramientas más interesantes de la demagogia. Se les da el sentido que a uno le interesa.

Hablemos de la muerte y su control:

«Un matemático se encuentra con un amigo en un avión. El amigo se extraña de encontrar al matemático y le dice:
-- oye, ¿cómo es que estás subido a un avión? ¿No decias que la probabilidad de que una bomba estuviera en tu avión era muy alta?
--Si, pero calculé cual era la probabilidad de que hubiese dos y como esa era suficientemente baja, me he traido mi propia bomba.»

No quiero frivolizar con las muertes. Pero, ¿qué se ha hecho para evitar los accidentes de coche? Ahora que he aprobado la asignatura de seguridad os diré, con conocimiento de causa, que los accidentes se producen por un producto de factores, algunos humanos y otros técnicos.

En el lado del factor técnico, las fábricas de coche intentan hacer coches más seguros, aplican técnicas como aumentar los márgenes de seguridad o usan sistemas redundantes.

En el lado humano, la dirección general de tráfico hace campañas constantemente para que se haga conducción segura. Sacarse el carnet de conducir es entre otras cosas una desmostración de que el conductor conoce la conducción segura. Lamentablemente, en gran parte de los casos, la causa del accidente es una acción peligrosa por parte del conductor y ocupantes.

Por tanto, en un accidente de coche, se intenta poner todas las medidas posibles para evitarlas. Y si tú pones de tu parte, mejoras tus posibilidades de sobrevivir a cada desplazamiento de coche.

Respecto a los asesinatos en Madrid, no se puede evitar que un «descerebrado» coja un cuchillo y apuñale a su pareja. En principio, existen leyes que intentan proteger a posibles víctimas, tambien existen los cuerpos de seguridad que intentan disuadir de cometer actos delictivos (obviamente, no puede haber un guardia tras cada uno) y despues hay otras leyes que prometen castigos elevados y tambien tienen como objetivo intentar disuadir al agresor. De nuevo, quiero pensar que la posible víctima tiene formas de mejorar sus probabilidades de sobrevivir a un ataque.

El SIDA: son conocidos los mecanismos de contagio del sida. La práctica de medidas de profilaxis permite sobrevivir a esta plaga.
En África, el caso es distinto porque en muchos casos no quieren aplicar dichas medidas por cuestiones culturales y llegan a practicar costumbres de alto riesgo: se me pusieron los pelos de punta cuando me entere de culturas que introducen tierra en la vagina de las mujeres antes de practicar la penetración, la arena es un abrasivo muy potente y provoca potentes hemorragias en la vagina de las mujeres.


En todos estos casos, (y en muchos otros), existen métodos y sistemas para controlar, reducir, estas causas de mortalidad. Hay un cierto control sobre la muerte. Y eso permite a la sociedad vivir sin más tranquila.

El terrorismo es distinto. No existe control y por eso genera el miedo que le da nombre: terror. Sin saber porqué, sin esperarlo, te explota una bomba y estás muerto. A mi eso francamente me causa pavor (que como ejercicio de madurez intento controlar). A priori, no se puede evitar el acto terrorista o disuadir a sus promotores y más cuando los terroristas se sacrifican y no tienen miedo a morir ¿de qué sirve amenazar con grandes castigos?

De forma que comparar muertes de las que ocurren «cuando te llega la hora» con muertes en la que alguien decide «tu hora». No creo que sea apropiado o siquiera útil.

A las 7/17/2005 01:19:00 p. m., Blogger Taliesin dijo que...  

De acuerdo. Por tanto lo que si podemos es comparar las muertes de un terrorismo con las muertes de otro terrorismo que, se supone, valen lo mismo.

Noticia 1: Atentado en Londres. 55 muertos.: Ocurrió el 7 de julio y aún hoy, diez días después, sigue siendo portada en todos los periódicos y sabemos todo lo que se puede saber sobre los terroristas, sus familias y sus vidas.

Noticia 2: Atentado en Irak. 30 muertos, 24 de ellos niños.: Ocurrió el 13 de julio. Aunque fue portada de periódicos, desapareció pronto de las portadas digitales. Tan sólo sabemos las cifras de víctimas y poco más.

Vamos, que hay muertos de primera y muertos de segunda y un londinense debe valer no menos de cien iraquíes en el mercado del terror. En Irak a diario hay desgraciados que deciden cual es la hora de otros y no es noticia porque se ha convertido en lo habitual, lo que no deja de ser también terrorífico.

A las 7/17/2005 04:53:00 p. m., Blogger Jamarier dijo que...  

También en el mundo:
las guerras olvidadas donde se habla de otros conflictos armados en el que mueren muchos hombres todos los días y que no se oye hablar de ellos. No quiero seguir hablando de números porque nos desviamos del tema original. En persona te rebatiré todo lo que quieras.

El tema original. Extrapolar las medidas para evitar que se repitan los 50 muertos de un ataque terrorista con los muertos de accidentes de tráfico es ridículo. Como comenté en el otro comentario, los accidentes de tráfico tienen causas distintas a los atentados terroristas y por tanto los medios para eliminarlos son claramente distintos en unos y otros casos.

Voy a ilustrar esto con otro razonamiento falaz que usa el mismo mecanismo deductivo. Si por una de las llamadas enfermedades raras (incidencia inferior a 5 de cada 10.000 personas) se da una subvención de 5000 euros ¿Que subvención habría que dar para la investigación de los resfriados comunes?

PD: No estoy diciendo que las medidas sean apropiadas, por ejemplo creo que vigilar el correo electrónico es inútil dada la facilidad actual del cifrado del mismo. Estoy diciendo que la justificación que se da (la increible merma de derechos que se produciría si se extrapolase las medidas a otros casos más populares) no es válida.

A las 7/17/2005 07:30:00 p. m., Blogger Illaq dijo que...  

Me parece que nos hallamos frente a problemas diversos, todos ellos importantes.

Creo que la comparación numérica es lícita, pero hay que delimitar muy bien lo que se compara, atendiendo a las causas. Estoy de acuerdo con Taliesin cuando dice que hay muertos de primera y muertos de segunda... y de tercera y de cuarta, como hay ciudadanos, países, regiones, pueblos de primera, de segunda, etc.

Dice también que el terrorismo que se padece en Irak deja de ser noticia porque se convierte en habitual, lo que también es terrorífico... yo añadiría que es ignominioso, tanto por el hecho en sí como por las causas desencadenantes. Es evidente que el terrorismo de Irak es el producto hasta ahora final de una agresión militar sin justificación que, encima, como corroboran los hechos, estaba mal planteada estratégicamente: no se previeron las circunstancias postbélicas ni en la región ni en los mismos Estados Unidos. La agresión pulverizó los sistemas de caución civil y, a falta de autoridad (mejor o peor), desembocó en una guerra civil de guerrillas a la que, por comodidad, llamamos “acciones terroristas”. Pero, por otra parte, Irak no es “Occidente”... y la lejanía física provoca la lejanía afectiva... como bien señala Taliesin, las acciones terroristas de Irak no tienen la misma publicidad que las que se producen en Occidente.

Pero quizá, por sus desencadenantes, no sean completamente homologables ambos terrorismos y, desde luego, en cuanto a su repercusión, no lo son en absoluto. En este sentido, Jamarier hace una advertencia que, desde mi punto de vista, es importantísima a la hora de afrontar este tipo de problemas éticos. Resulta muy tentador jugar con los números para arrimar el ascua a la propia sardina ideológica, pero no siempre se pueden comparar esos números: es fácil que haya churras y merinas... Hay que acudir a las causas, los motivos... y no siempre es fácil dar con ellos. Desde luego, es difícil exponerlos con cuatro palabras... o con cuatro tomos. Si la síntesis siempre es buena (no fácil), ha de ir precedida de un análisis lo más fino posible y, para analizar, hace falta una cabeza fría.

No obstante, con independencia de causas y motivos, tratándose de hechos que cercenan vidas humanas, es cuando menos curioso que se esgriman números... Surge aquí otra cuestión que, en sentido “ontológico” y, por ende, en sentido "ético", es verdaderamente trascendente: ¿cuál es el valor de la vida humana? Hay quienes afirman que el valor de la vida humana es “supremo”... hay quienes matizan, dependiendo de las circunstancias (evidentemente, si hay matices, no hay supremacía). Si se acepta ese valor supremo (fundamento ontológico del rechazo de la pena de muerte), el número de muertos por un atentado carece de significación... El recurso a los números sería una pura falacia y, si lo utilizara quien tiene poder, sería demagogia...

Otro problema, relacionado con la mayor o menor habituación a los acontecimientos terroristas y con la “tendencia a los números”, es la “alarma” que provocan los hechos de los que tenemos noticia, es decir un fenómeno claramente “psicológico”, que no tiene porqué correlacionarse con el fenómeno de base. La alarma se suscita cuando el terrorismo nos afecta directamente (Torres Gemelas para los neoyorquinos) o nos es “afectivamente próximo” (las Torres Gemelas para el mundo occidental), es “nuevo” (atentado de Atocha frente a los de ETA) o reitera su presencia en el ámbito afectivo “propio” (Londres, o sea Occidente), y cuando precisamente el número de víctimas es suficientemente grande.

Desde mi punto de vista, la reacción a cada uno de estos fenómenos es diferente según la proximidad o lejanía afectiva y la mayor o menor habituación al fenómeno. Cuando nos habituamos (porque nos habituamos), la alarma disminuye, aunque el fenómeno siga ahí. Mientras no nos habituamos, los súbditos (o, si se prefiere la ilusión legalmente refrendada, los “ciudadanos”) reclamamos medidas... Los gobiernos buscan medidas que causen impacto en la “opinión pública” (esa opinión que fabrican cuidadosamente los “expertos en comunicación”). Evidentemente, el “control de las comunicaciones” es una “medida de impacto” que produce sensaciones favorables (“alguien cuida de nosotros”) y, por tanto, “políticamente correcta”, aunque la vigilancia del correo electrónico no sea eficaz (si es que es posible).

Por último, ¿la intervención de las comunicaciones atenta contra la libertad? Aquí sólo puedo remitirme a mi primer comentario. Quizá mi reflexión (acaso deformada) deba algo a las vivencias de la dictadura franquista y a la posterior desilusión ante el entramado que, a falta de mejor denominación, llamamos “democrático” (aunque, en sentido estricto, sea “oligocrático selecto y electo”), pero, hoy por hoy, estoy convencido de que la libertad (si es que podemos aceptar que tenga alguna entidad, pues habría que contemplar el determinismo o no de la realidad, etcétera) sólo será tal si uno mismo se hace libre y se conduce como tal. No hay ley que pueda otorgar libertad. Eso sí, la vida en libertad puede hacerse más o menos llevadera, por aquello de las vigilancias, de la facilidad con que puedan producirse atentados y demás agresiones contra los humanos, del respeto con que tratemos y seamos tratados..., pero sigo convencido de que ninguna medida socipolíticoculturalpolicial puede acabar con mi libertad (si es que me permito tenerla).

A las 7/18/2005 07:19:00 a. m., Blogger Irra dijo que...  

Quien me manda a mi meterme aquí un lunes a las 7:14... :P

En fin, esto es lo mismo de siempre. Estoy convencido de que muchos políticos tanto en Europa con en USA se frotan las manos tras cada atentado terrorista de AL Qaeda. No hay nada mejor que la amenaza constante, el enemigo eterno, un pueblo atemorizado es fácilmente gobernable. Hoy se comerán las sobras si creen que eso les da seguridad, mañana les podrás dar mierda en cucharadas, la doma habrá surtido efecto…

Desgraciadamente esto me da bastante miedo, siempre me hace pensar en 1984 y en si algún día no renunciaremos a muchas cosas por esa falsa sensación de seguridad.

Conozco gente en Madrid que después del 11-M no se monto en el metro hasta 6 meses después. En esos 6 meses su opinión política estaba deformada por los recientes acontecimientos, eso precisamente es lo que aprovecho el gobierno de EEUU para hacer lo que dio la real gana tras el 11-S. Estoy convencido que cuando la primera bomba estallo en Londres, Bush brindo con champán con algunos ejecutivos de empresas de armamento.

No pienso que la vorágine post atentado sea el momento de hacer leyes, hay que dejar las cosas reposar y no precipitarse, desgraciadamente hay demasiada gente interesada en aprovechar esto como un balón político…

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