martes, julio 05, 2005

crítica: La Guerra de los Mundos

30 de octubre de 1938. Orson Welles dramatiza para la radio la obra La Guerra de los Mundos de H. G. Wells. El mito de los marcianos que quieren invadir la Tierra pasa a la historia. Algunos años después, en 1953, llega una nueva adaptación de la novela, aunque esta vez al cine. Y hace unos días por fin nos llegó la visión de la novela de Wells esta vez a cargo de Steven Spielberg, un experimentado director capaz de lo mejor y de lo peor.

Lo primero que hay que tener claro de la película es que no es una de marcianos al uso. Esto es justo lo contrario de Independence Day. No hay héroes, sólo víctimas que no paran de correr y que pasan mucho miedo. No hay protagonismo para los militares ni proyectos ultrasecretos del gobierno. No veremos la casa blanca explotando, sino el asalto de los alienígenas a un barrio humilde y sus habitantes. La cámara no se centra en los marcianitos verdes, sino que se gira para mostrar a las personas que no tienen nada que hacer contra el ataque. Es de agradecer lo fiel que es el guión a la historia original, y aunque a veces se separa un poco de lo que escribió Wells el mensaje permanece inalterado.

Hoy que los espectadores de cierta edad ya están curtidos en todo tipo de tragedias y desastres a base de informativos de la vida real, es difícil dar miedo y crear tensión. El público ha perdido la inocencia y por eso hay que valorar muy positivamente el que La Guerra de los Mundos de Spielberg da miedo. Y lo hace a través de varias escenas de mucha tensión y transmitiendo la impotencia del protagonista que intenta salvar a su familia y a sí mismo. El problema de Spielberg es que cuando hay una familia de por medio se pone blandito y pasa lo que pasa: las cosas al final salen bien, demasiado bien. Y es que a muchas de las películas de este director le sobran los últimos diez minutos (IA, La Lista de Schlinder,…) en los que se empeña en poner un epílogo de cosecha propia que deja un regustillo final un poco negativo. Detrás del clímax de la película no debería haber mucho más metraje y Spielberg se empeña en alargar la cinta más de lo aconsejable.

La factura técnica es de cinco estrellas. Los efectos especiales están al servicio de la historia, sin grandes alardes, pero dejan sin aliento cuando corresponde. La fotografía que mezcla el documental con una producción antigua de serie B aporta un halo (nunca mejor dicho) de clásico instantáneo. Los actores protagonistas están bien sin más. La niñita es inquietantemente encantadora y Tom Cruise se pasa media película con su cara de “¿pero que coño está pasando?”. Eso sí, como dijo una vez Eduardo Noriega, no hay actor que corra como Tom Cruise y se pega una carreras para demostrarlo. A destacar el papel secundario de Tim Robbins, que da más miedo que todos los marcianos juntos.

Resumiendo, La Guerra de los Mundos es una muy buena adaptación de la novela de Wells, que respeta en muchos aspectos. Spielberg ha demostrado de nuevo que sabe hacer buen cine y que es un narrador de historias como pocos. El único problema es el empeño de hacer películas políticamente correctas y para toda la familia. Si algún día se atreviera a hacer algo políticamente incorrecto y para adultos, apuesto a que nos encontraríamos con una obra maestra del cine. De momento, aquí tenemos su última producción para pasar un buen rato en el cine y rebajar nuestro orgullo como simples humanos, que nunca está de más.
    Me ha gustado: Que los protagonistas no sean los marcianos, sino las personas. El papelito de Tim Robbins.

    No me ha gustado: Que Spielberg se empeñe en el final feliz que no se cree ni el más optimista de la sala.

    Lo mejor: Que el mensaje del libro permanece más o menos inalterado.

    Lo peor: Hay una escena totalmente prescindible y que rompe con la impotencia que sentimos durante toda la película.

    Curiosidades: En la versión original, el prólogo y el epílogo es la voz de Orson Welles en el programa de radio que hizo famosa La Guerra de Los Mundos. Los padres de la exmujer del protagonista que salen al final de la película son la pareja protagonista de la versión de 1953.

    Espectador recomendado: Esto no es Independence Day. No hay héroes increibles ni sacrificios para salvar la patria. Ni siquiera es una película patriotera. Es cine para todo el mundo dispuesto a pasar un poco de miedo del bueno, del que inventó Hitchcock con sus pájaros.