lunes, octubre 10, 2005

He leído un libro...


Acabo de leer un libro mal escrito... El otro día, un sujeto echó un vistazo al susodicho, vio la portada, se sonrió y me miró como diciendo: “¡Las cosas de éste! ¡Hace falta estar así como medio tarao...!”

Pues bien. El autor del libro, Gustavo Bueno, es filósofo, creador de la escuela del “materialismo filosófico”, un tío muy simpático que no se casa con nadie y al que, a juzgar por sus comportamientos, le importa un rábano lo que digan de él, aunque las concordancias y las preposiciones no sean lo suyo y no le viniese mal echar un vistazo al diccionario...

A pesar de mi relativa fama de “fundamentalista del idioma”, aconsejo vivamente la lectura del libro de marras, como ayuda para que no se queden intelectualmente con uno.

Particularmente, me admira la facilidad con la que Gustavo Bueno pasa de los análisis de la civilización griega a comentar lo de ayer por la tarde... lo de “¡somos una democracia!”, como si eso fuese sinónimo de: “¡estamos salvados: llegó Moisés!”... lo de las “nacionalidades históricas”, tan de moda en nuestros días, aunque no se refieran precisamente al Califato de Córdoba ni al Reino de Granada.


El mismo autor dice de su libro que «Panfleto contra la democracia realmente existente no pretende ser otra cosa que una crítica demoledora a las democracias fundamentalistas, a la Idea que la mayoría de las democracias de nuestro siglo, una vez barridas de fascismos en la primera mitad del siglo XX, y de comunismos, al menos europeos, durante la segunda mitad, mantienen sobre la esencia de la democracia.»

Quienes se interesen por la buena filosofía materialista pueden darse una vuelta por La Fundación Gustavo Bueno y por El Catoblepas, la revista electrónica en la que colabora. Seguro que, por lo menos, tendrán materia para pensar...

En resumen, a mi modo de ver, lo mejor del libro es la reflexión seria sobre lo que no es la democracia, que suele coincidir con lo que nos venden como tal; la desmitificación de las historias y el rigor lógico. Lo peor, la redacción y que quizá peque, a veces, de un excesivo estructuralismo.

De todos modos, aunque parezca mentira y requiera cierto esfuerzo, su lectura es muy aconsejable.